La última Berlinale o el nacimiento de la crisálida

 

Por Alba Colombo, directora del
Posgrado Gestión de eventos UOC

 

¿Cómo un fuerte timón puede cambiar totalmente el rumbo de un festival de cine? ¿Será posible hacerlo por segunda vez?

 

La transformación de la Berlinale tras 19 años de dirección

Hoy comienza la última Berlinale bajo las directrices de Dieter Kosslick. Cuando llegó a la dirección, hace 19 años, cambió radicalmente el rumbo del Festival Internacional de Cine de Berlín. En ese momento, justo a las puertas del 2000, era un show claramente enfocado a la industria audiovisual americana y le faltaba coraje. Él transformó el festival en una plataforma para el cine europeo con proyectos innovadores y originales. Creó lo que ahora se podría llamar un festival-plataforma formado por diferentes proyectos con el sello de autenticidad Kosslick. Iniciativas como el Talent Campus, una plataforma para estudiantes y nuevos profesionales del sector, el Co-Production Market, un mercado para encontrar financiación de otros productores, o el World Cinema Fund, un fondo de financiación con un tipo de cooperación internacional. Estos son algunos de los proyectos que se iniciaron durante este período y que han sido ejemplo para muchos otros festivales que han seguido los pasos de Berlín.

 

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Dieter Kosslick

 

Berlín y el contexto de la Berlinale en 2001

Berlín en 2001, era una ciudad gris con mucho potencial pero invisible. El cierre de la sociedad alemana y el miedo a lo desconocido por parte del bloque del este, hacía que encima de la ciudad hubiera una constante niebla que costaba mucho de esparcir. El Festival Internacional de Cine de Berlín, la Berlinale, fue uno de los elementos rompedores que liberó la ciudad de este lastre y la volvió, al menos a acercar un poco, a sus años dorados.

El glamour y la alfombra roja volvieron a brillar dando más visibilidad al cine alemán y europeo. Tal y como afirma Peter Rommel, productor alemán: “había muchas películas alemanas en la Berlinale pero Kosslick las presentaron como se merecen”. Dieter programó en su primer año cuatro películas alemanas en la sección oficial. No hizo nada que los otros festivales no hicieran, dar a la industria nacional una posición especial.

 

 

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La Berlinale

 

La Berlinale, un festival de cine en una situación crítica

Aún y así, durante los últimos años el gran festival-plataforma se desborda con muchas secciones y pequeños proyectos. Es en este momento en que la crítica aparece, sobre todo por parte de la industria audiovisual alemana que no le ve más potencial a la diversificación, al contrario, lo ve como un problema de desaparición y pérdida de perfil. A la vez, hay una gran preocupación por la gestión del proceso de selección del nuevo director que se preveía de forma inminente. Durante cierto tiempo, una carta con doble lectura empieza a aparecer por las oficinas de productores y directores alemanes donde exponen su preocupación por la situación. Esta carta la acaban firmando casi 50 reconocidos profesionales de la industria y lo que querían era, tal y como dice Fatih Akin (Golden Bear 2004 con la película alemana Contra la Pared) “la carta no quería ser una crítica a Kosslick, sino una reivindicación de la industria alemana que quería formar parte de la discusión, queríamos un proceso transparente que considerara candidatos internacionales que posicionaran el festival a la esfera de sus grandes competidores.”

 

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Carlo Chatrian

 

El cambio de dirección de la Berlinale

Esta pues es el trabajo que tendrá a partir de este 18 de Febrero, día que se dará punto final al festival 2019. Carlo Chatrian será llamado recientemente como director artístico de la Berlinale. Chatrian ha sido hasta el año pasado comisario del festival de Cine de Locarno y tiene un perfil abiertamente crítico hacia las producciones comerciales y se decanta por el cine de autor.

Marcha el sombrero con bufanda roja y llegan unas gafas de pasta al estilo puramente millenial, de las que se espera un segundo cambio de rumbo. Deseamos que este sea para terminar de hacer nacer la crisálida y posicione el festival en su madurez, y hacerse un buen lugar entre sus competidores: Cannes, Venecia y Toronto.

Hasta pronto Kosslick, bienvenido Chatrian.